Yo tenía 16 y tú 18

En 1984 yo cursaba el primer semestre, del grupo 2, en la Preparatoria Lázaro Cárdenas. Aunque iniciamos el año en septiembre, no me percaté de tu existencia hasta varios meses después, tiempo en que vas acomodando a todos los compañeros en un cierto estereotipo: los nerdos y nerdas, los super burros y  pinteras, los galanes y niñas bonitas y estaban los deportistas. Ahí estabas tú. Te juntabas con Pepe y con Luis Mario, eran ustedes tres y el basquetbol.

Ana Rosa, Mónica y yo, éramos las del relajo.

Aunque éramos compañeros no te conocía. Mi mundo eran mis amigas, mi música y mis galanes. Les gustara o no, eso no importaba, mi vida siempre giraba alrededor de alguien a quien yo no le interesaba.

Tu y yo nos conocimos cuando ya no éramos compañeros de salón, en tercer semestre, cuando tomamos un curso de regularización de la materia que ambos tronamos, Derecho Laboral de 4 a 6 de la tarde, martes y jueves. Siempre has sido delgado y alto, pero en ese tiempo te recuerdo más bien flacucho, largo y blanco como popote. Al extremo largo ya que sobresalías de los demás. Siempre traías una mochila al hombro, y caminabas encorvando la espalda. A distancia parecías tímido, pero con el trato me di cuenta que te gustaba jugarle bromas y dar carrilla a todo el mundo, incluso a mí. Tu sentido del humor era muy entretenido.

En ese curso nos hicimos amigos y confidentes. Me contaste que eras el menor de 7 hermanos, y que tu casa estaba cruzando la vía del tren en la 20 de Noviembre. También me dijiste que acababas de terminar con tu novia Paty, tu primera novia, con quien duraste dos años y que vivía en San Ysidro. “La muy pocha”, pensé. Lo curioso es que después que me contaste esto último como que te puse más atención, empecé a fantasear contigo y a pensar que no estaría mal que fueras mi novio. Me empezaste a gustar y para cuando terminamos el curso ya éramos novios. Entonces yo tenía 16 y tu 18.

A partir de ahí  fuimos los típicos enamorados. Nos buscábamos en recesos, en horas libres, a la entrada, a la salida, nos escribíamos recados, cartas, me acompañabas a tomar el camión, nos llamábamos por teléfono por las tardes y los fines de semana no pensábamos en otra cosa sino en estar juntos.

Al inicio en mi casa no sabían nada, yo ya iba para el 4to o 5to galán pero mis papas vivían en la negación y decían que aun no era tiempo de tener novio. Así que empezamos a escondidas, cosa que no resulto mucho tiempo porque mi mamá encontró una de tus cartas y fue entonces que tuviste que hablar con mi papá de tus serias intenciones conmigo. Ahora encuentro todo aquello increíblemente ridículo, pero en aquel momento yo estaba orgullosa de ti y preocupada por la decisión de mis padres. Tan sólo eramos dos adolescentes jugando a los novios, extasiados el uno con el otro y asombrados día a día de nuestra capacidad de amarnos. Esa noche te presentaste nervioso pero decidido a mi casa, lo cual me hizo verte aun más guapo. Mi papá y tú se quedaron solos en la sala y mi mamá y yo nos fuimos a la recámara a esperar. A pesar de que ella se había mostrado anteriormente muy en desacuerdo con nuestra relación, mientras estuvimos a solas me di cuenta que estaba entusiasmada, que le emocionaba todo aquello que estaba pasando. Después de un rato, mi papá dio su aprobación y a partir de ese día fuiste mi primer novio oficial y reconocido por toda la familia. Al poco rato mis papás tenían una reunión no muy lejos de mi casa con otras familias y nos invitaron a acompañarlos, yo me sentía feliz y para mí todo aquello fue como un festejo en nuestro honor. 

Nuestra relación fue la más bella que he tenido, la más dulce, la más inocente y sublime. Recuerdo que hablábamos de casarnos al cumplir 22 y 24 años respectivamente. Nuestros hijos se llamarían Melisa y Miguel Ángel y también tendríamos un perro. Eso era lo único que teníamos claro.

Después salimos de la prepa, yo decidí estudiar diseño grafico en la Ibero, carrera que me apasionaba, tu, entrar al Tec de Tijuana, Relaciones Comerciales, no porque te gustara, sino porque era lo único que se te hacía menos difícil. Yo entre inmediatamente después de salir de la prepa a la universidad, tu entraste un semestre después porque no pasaste el examen en el primer intento. En ese inter trabajabas en la tienda de abarrotes de tu papá, frente a tu casa. Yo iba a la universidad en la mañana y trabajaba en una zapatería por las tardes como auxiliar contable. Sin embargo, a diario saliendo de la escuela, antes de irme a trabajar y durante todo ese primer semestre, teníamos una cita en punto de la 1 de la tarde a un lado de la vía del tren, debajo del mismo árbol, el que tenia medio tronco torcido donde nos sentábamos. Tú siempre me esperabas con un picnic improvisado, que consistía en un par de gansitos, jugos y papitas que comíamos sentados a su sombra. El verano se terminaba poco a poco y en esos encuentros empezamos a planear nuestra primera noche juntos. Hablábamos de todos los detalles, de todas las posibilidades, de todos los miedos y pasábamos horas soñando con ello. Postergamos ese momento lo más posible hasta que ya no había un después que pudiera contener nuestros deseos. Cuando entraste también a estudiar, nuestros planes fueron aterrizando en fechas cada vez más y más cercanas, quizás porque intuíamos que nuestro tiempo juntos se estaba agotando.

Cuando por fin cumplí 18 años y me dejaban salir por las noches contigo, nos decidimos y una noche de invierno nos encontrábamos en un hotel de paso sin saber que hacer ni por donde empezar. Yo estaba nerviosa y tenía mucho miedo. Tú estabas ansioso y te esforzabas por complacerme en todo. Después de varios intentos fallidos nos dimos por vencido. Terminamos los wine coolers de fresa que llevábamos, comimos un poco de pizza y nos abrazamos cayendo dormidos al poco rato. Esa noche hacia mucho frio y en el camino hacia mi casa nos acompañó el silencio. Tú manejabas la camioneta grande de tu papá, esas que llamaban “guayinas” y yo iba sentada a tu lado. Tenía sueño y debido a los problemas que había en mi casa no quería que aun me dejaras en mi casa, recostada en tu hombro deseaba que la noche se alargara indefinidamente.

Después hubo otras noches que tuvimos más suerte. Algunas de esas noches, después de hacer el amor, íbamos al baño y nos veíamos largo rato al espejo juntos, desnudos, tu detrás mío, me abrazabas, yo sonreía frente al espejo y te veía a los ojos, mis mejillas rosadas, nuestras miradas felices.

Nuestros cuerpos se conocieron y se acostumbraron a estar juntos.

Al estar ambos en la universidad las cosas se complicaron. Mis amigos y amigas en la Ibero no te gustaban, ni tú a ellos. En las fiestas de diseño se escuchaba rock en español, Enanitos Verdes, Mana, Caifanes, mientras tu seguías oyendo rap y hip hop y empezaste también a tener amigos nuevos que yo no conocía. A las fiestas yo iba sola porque no tenías dinero y empecé a fumar y a tomar cerveza, cosa que al principio no era de tu agrado. Poco a poco dejaste el basquetbol y de llamarme a diario. Después tu también tenias tus propias fiestas y empezaste a fumar y a tomar y a asistir a ellas, también sin mí.

Cuando mis papás por fin se divorciaron, y me fui de la casa, a los 19 años, por primera vez terminamos, aunque nuestra separación fue por poco tiempo. Regresamos, pero empezamos a desconocernos juntos. Todo a nuestro alrededor estaba cambiando, nuestros gustos no eran los mismos, nuestros contrastes se acentuaban. Gradualmente dejamos de darle importancia a los detalles y a nuestros momentos, las pausas se convirtieron en silencios y las ausencias se prolongaban más y más.

Hasta que un día después de 5 años de noviazgo, encontré que ya no éramos aquellos confidentes y amigos, y que nuestros amores ya no tenían el ritual de los cuerpos desnudos.

Tome la decisión de separarnos y seguir cada quien por donde las circunstancias nos fueron llevando, por caminos diferentes.

Hoy revisando mis correos, vi éste: “Armando Aguilar te ha agregado como amigo(a) en Facebook.” Abro inmediatamente el mensaje. Me encuentro tu foto. Increíblemente, eres tal y como te recordaba. Sonríes. Frente a ti una chica muy guapa sonríe también a la cámara, la abrazas por detrás. Sus mejillas rosadas. Sus miradas felices.

Te acepto.

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12 pensamientos en “Yo tenía 16 y tú 18

    • A poco no? Todos tenemos en el baul de nuestros recuerdos historias como esas, que bueno que mi historia te remonto a la tuya. Gracias por tu comentario!

  1. Bravo!! No cabe duda que recordar es volver a vivir, y lo mas curado es que tuviste la suerte de vivir tan intensamente!! Eso no se pierde, y te da un valor como persona que es incalculable… no cambies!

  2. wow!
    que suertudo ese pendejo!, como lo envidio!
    Fuera de broma esta increible y lo mas curado es que es cierto y real, yo lo vivi contigo, me da tanto gusto haberte encontrado despues de tantos años.

  3. Calette, ayer decidi dedicarte por lo menos 5 minutos de mi tiempo de lectura diarios y hoy cumpliendo mi promesa, me alegre, sufri, temble, recorde mis palabras la primera ez frente a un señor malhumorado que sigue creyendo que su hija es una niña. En fin me encuentro en tus lineas que con tanto detalle describes y sonrio.
    Y como finalizas tu… YO TAMBIEN me ACEPTO.

    Gracias escritora favorita de cosas triviales.

  4. No quiero dejar de leerte pero creo que es hora de que duerma un poco. Decidí irme a dormir con este relato, que curiosamente me cautivó desde el título, y me dejó un bonito sentimiento de nostalgia y alegría y un je-ne-sais-pas.

  5. Fuck :( realmente hiciste que un par de lagrimas recorrieran mi mejilla, los matices de tu historia me hicieron recorder aquella ultima relacion que tuve..
    tan simple y compleja a la vez, la transicion del inocente noviasgo ala compleja vida de pareja.

    Tu lectura me hico recordar esa transicion, y como sin pensar se te van 4 años de relacion con una persona a la cual un dia elijen caminos diferentes y la cual dudosamente veras en alguna ocacion en tu vida, pero que consigo se lleva los mejores años de tu vida.

    Un abrazo Srita. Calette

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