A mí no me engañas

Si tan sólo pudiera entender lo que estoy haciendo aquí.  Es martes, son casi las 3 de la mañana y manejo por el freeway 5 Sur. Tengo miedo que me detenga una patrulla, estoy segura que mi nivel de alcohol aún sigue muy por arriba del permitido. Si me paran, iré directo a la cárcel y me quitan el carro. Lo bueno es que la carretera está desierta, no hay distracciones y me puedo concentrar en manejar en línea recta con la mirada fija a mi destino. Pero esta muy obscuro, y tengo sueño. Difícil es mantener los parpados abiertos. Cuestión de no cambiar de carriles ni acelerar demasiado y llego hasta Tijuana. Apenas me reconozco a estas horas y en estas condiciones.  Miro por el retrovisor, parece que este güey viene detrás de mí. ¿Me viene siguiendo o me viene cuidando?

No te reconocerás tú, porque aún no se te ha bajado la borrachera, al menos no del todo. Pero a mí no me engañas. En cuanto Pablo se fue de viaje, ese mismo día bien que te fuiste de antro con Bety a ver a quien conocías o te encontrabas. Por si no lo recuerdas ahora, así fue como conociste al tipo que viene en el auto de atrás, y sí, te viene siguiendo. Esa noche, apenas intercambiaron correos electrónicos, pero con eso bastó para que empezaran a contactarse y a chatear a diario. Era obvio que tarde o temprano él te invitaría a salir y si no tú a él, tal como sucedió.

 Me consta que te dolió que Pablito se fuera de vacaciones y nada menos que a  China; un lugar a donde no podrías acompañarlo porque es más: si mal no recuerdo, ni siquiera te invitó. Tú por tu parte guardaste silencio y supiste fingir indiferencia, bien que sabes cómo. ¿Qué más podías hacer? Ustedes siempre dijeron que lo tenían bien claro ¿no? Nada de compromisos, nada de ser novios, amigos nada más. Y es lo más lógico y lo menos complicado, siendo tan diferentes. Para empezar, él es menor que tú, algunos añitos. Vive con sus papás, trabaja con el único propósito de viajar, le gusta ir a conciertos y su idea de diversión es fumarse un churro para ambientarse. Sale siempre en grupo con  sus amigos, todos igualitos que él pero con quienes tú no tienes un sólo tema en común.

A pesar de todo esto, el día que se fue llevaban poco más de un año “juntos”. Gracias a su compañía pudiste sobrellevar esos días, al inicio, en que te sentías como perro sin dueño, sola. Con él se pasaban rápido los fines de semana en que no tenías hija con quien distraer la tristeza, y pudiste darte el lujo de divertirte de nuevo, de ir con alguien a las fiestas, de conocer música nueva, de dormir y despertar acompañada, de salir de compras, a conciertos.  Es más, si no hubiese sido por esa ocurrencia suya de irse de vacaciones, ahorita no vendrías sola manejando.

Había que portarse a la altura de lo pactado y  cuando te compartió todos y cada uno de los detalles de sus grandiosas y geniales vacaciones, planeadas desde hace dos meses, tuviste que escucharlos con la mejor sonrisa, tratando de aparentar entusiasmo y alegría. Él, a cambio, hizo lo mismo por ti. Cuando se enteró que Guided by Voices, –tenía que ser el grupo cuya música conociste a su lado y que tanto les gustaba a ambos–, daba un concierto en San Diego, él también se entusiasmó y te animó a que compraras dos boletos y fueras. “Yo voy a andar de vacaciones en esa fecha, pero te buscas a alguien que vaya contigo. Anda, te vas a divertir” te dijo el muy tarado mientras te acompañaba a comprarlos. Como si no hubieras tenido suficiente con todas las veces que Antonio te mandaba sola a las fiestas y  reuniones. Lo último que querías era otro así de alivianado.

Y claro, lo obedeciste. Porque si algo tienes tú pero bien arraigado, al menos en apariencia, sabrá Dios si de tanta pinche escuela de monjas- es la obediencia. A cualquiera puedes hacer creer que estás contenta con lo que te dan o con lo que te dicen.  No se imaginan que cuando no es así, tus rebeliones son secretas, buscando subversivamente lo que realmente quieres. El pobre nunca se hubiera imaginado que en lugar de invitar a Bety o a Rosario, tú invitaste al primer tipo que conociste en cuanto él se fue. Y entre mensaje y mensaje por el chat, bien que le dijiste que tenías dos boletos para un concierto, y no había nadie que fuera contigo. Y claro, terminó por ofrecerse a acompañarte. Pero pues ¿cómo no se iba a ofrecer? Guapa, sola y con el par de boletos pagados para un concierto de rock, hasta el más idiota se apunta. Se quedaron de ver en el bar donde iba a ser el evento. Saliendo del trabajo te pusiste estos Levis entallados y la blusa rosa sin espalda y no dudaste en irte manejando hasta San Diego. Mientras manejabas tratabas de recordar su cara, no lo hiciste del todo, pero confiaste que él sí te recordaría perfectamente, y así fue. Afuera del lugar te esperaba.

Una vez que entraron y empezaron a hacer conversación,  las bromas tontas y la plática nerviosa no se hicieron esperar. Nada que un par de cervezas no aminoraran. Y no es que el tipo estuviera feo, pero al inicio te incomodaba estar ahí con él. Sabías que en su lugar debía estar Pablo, que ese lugar no le correspondía. Recordaste que exactamente hace un mes habían ido a bailar precisamente a ese lugar. ¡Cómo se habían divertido esa noche! Diste un trago a tu cerveza, te supo amarga.  No te importó y tomaste un poco más, esta vez  el trago fue más largo que el anterior.  

Conforme avanzaba la noche te dabas cuenta que no tenían nada en común y que una cosa es escribir frente a la computadora generalidades, y otra, soportar personalmente los pesados chistes de alguien que no te importa. Sobretodo mientras piensas en alguien que está en China. Varias veces optaste por reírle el comentario, cambiar el tema y ordenar la siguiente cerveza. Para la cuarta empezó el concierto, y como te pasa siempre, tú ya estabas completamente desinhibida. Te tomó de la mano y se acercaron al pequeño escenario. Una vez que seleccionaron un buen lugar para ver a los músicos tú te colocaste de espaldas frente a él mientras sus manos calientes rodeaban tu cintura.  Después de un rato acariciaba tu cuello con sus labios, mordisqueo una de tus orejas,  hizo que tu giraras y te besó.  Fue tan sensual que te entregaste por completo y lo único que bastó para que a partir de ese momento, tu acompañante se convirtiera en un pulpo.  Aprovechando que estaban rodeados de tanta gente, besaba tu cuello y pasaba sus manos por dentro de tu blusa con total libertad, tocando tu espalda, hombros y senos. Por supuesto, en este último punto se detenía lo suficiente para excitarte y hacer que apartaras tu atención de los músicos correspondiendo a sus besos. Y como a veces no te importa nada, esa noche tampoco te importó. Rock alternativo como música de fondo. Las cervezas seguían llegando.  Querías evadir las circunstancias de tu presencia ahí y que mejor que cerrando los ojos y besando a alguien.

Cuando la gente se fue separando de la multitud, a punto de terminar el concierto, de pronto tenías frente a ti a los amigos de Pablo, todos te miraban. Incluso te saludaron. Y tú dentro de tu ebriedad, con todo descaro les devolviste el saludo. Hasta les sonreíste sin dejar de abrazar al tipo que tenías a un lado. Asumiste tu historia con Pablo como cosa del pasado,  ya no existía.  Miraste de nuevo el escenario, el concierto había terminado.  

Cuando salieron del bar le pediste al galán que te acompañara al auto. Por la cara que puso, seguramente  pensó que la diversión iba a continuar ahí o más adelante. Sin embargo, el contenido etílico en tu sangre se fue evaporando cuando después de caminar y caminar, te dabas cuenta que tu auto simplemente no estaba por ningún lado. ¿Y si me lo robaron? ¿Y si no lo encuentro? ¿Cómo voy a regresar a mi casa?? ¿Cómo voy a ir por mi hija mañana en la mañana? ¿Cómo la voy a llevar a su escuelita? ¿Qué le voy a decir cuando me pregunte? –Porque desde que tienes hija, lo primero que piensas cuando haces estupideces es imaginar lo que diría ella si lo supiera. ¿No sería bueno realizar esta práctica antes de las estupideces?–. Y así decías frase tras frase mientras chillabas como niña perdida, fruto de todos los escenarios angustiosos que pasaban por tu mente. Mientras tanto, él cambiaba su expresión, de la sonrisa lasciva que tenía al salir del lugar, a una cara seria como de preocupación. Hasta que después de dar vueltas caminando, se le ocurrió que fueran por su auto para agilizar la búsqueda. Las calles estaban oscuras y no había nadie más. Llegaron a su auto. Afortunadamente él no había tomado tanto y una vez manejando pudo ver la pequeña calle cerrada en donde frente a un edificio de departamentos estaba el Escort dorado que le habías descrito. El único auto con placas de Tijuana, estacionado con todo y silla de bebé en el asiento trasero.

Te pusiste tan contenta y él se sintió tan aliviado que, por un momento, apenas perceptible, pudieron sentirse genuinamente conectados.  Pero bueno, ¿Quien se quiere sentir más conectada con un tipo que ya te estuvo manoseando toda la noche verdad? Cuyos chistes eran pésimos y más después de semejante susto y borrachera. Tú te subiste al carro y le dijiste adiós. En lo que él se dio la vuelta tú ya habías acelerado.

Por eso estamos aquí, ahí tienes tu respuesta.  Afortunadamente yo estoy para recordarte dónde estás y que es lo que haces, aunque sean puras pendejadas, como las de esta noche.  Ahora, no cierres los ojos, ya veo el letrero que dice Welcome to Tijuana.

Es verdad, por fin voy a llegar. Sacudo un poco la cabeza. En cuanto cruce la línea voy a perder a este tipo, no quiero que me siga hasta mi casa. Me siento mal.

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11 pensamientos en “A mí no me engañas

  1. Me gustó el antepenútimo parrafo sorbe todo: “¿Quien se quiere sentir mas conectada con un tipo que ya te estuvo manoseando toda la noche verdad?” fue como divertido… como just-girl-toughts… Saludos susana! ;)

  2. No se imaginan que cuando no es así, tus rebeliones son secretas, buscando subversivamente lo que realmente quieres.
    ¡Me gustó esta frase!
    Buen relato Susana, nos leemos el siguiente miércoles, un abrazo!

  3. (Cool. Girl. OK.. contestare como si fuera el otro personaje, algo asi pensaría yo que diria….)
    ese del que hablan soi yo .. :( sorry por mostrarme tan insensible esa noche :( no suelo ser asi, pero el licor … jamas ha sido mi mejor amigo, y se ha limitado a jugar un silencioso papel de compañero en el crimen.
    Debo confesar que sin el anonimato que brinda el ocultarnos detras de un vil rayo de electrones el nerviosismo me convierte en algo que a veces me averguenza, en el momento obvio que no lo aceptare y si me doy cuenta no me detendre, sino que muy posiblemente exageraré mi conducta.. por que? Buena pregunta,… lastima que no tenga una buena respuesta mas que: Soy hombre.

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