Gritar

En días como hoy me dan ganas de pararme sobre mi escritorio y gritar a todo pulmón algo.
Pero sólo en días como hoy, en que los fluorescentes rayos del sol se cuelan a través de las  lúgubres persianas que intentan cubrir los ventanales de la oficina. La intensa luz  de la tarde baña todas las cosas haciéndolas brillar como zapatos de charol recién boleados. y empiezan a tomar estridentes tonos amarillos, naranjas y rojizos. Entonces se ve todo más claro, los sonidos de la oficina empiezan a bajar de intensidad y si pones atención se apagan por completo. Puedo observar a cada quien frente a su escritorio, organizando papeles, escribiendo notas, viendo el monitor, hablando en el teléfono, moviendo los dedos frente al teclado, pero no se escucha nada, ni un sólo sonido.
Y si me detengo a observarlos entonces los movimientos se hacen aún más lentos, el aire es mucho más denso y el tiempo se alaaarga o se detiene.

Por eso quisiera poder pararme y gritar algo, para romper el silencio. Para no detenerme con ellos y que el silencio no me trague a mí también con todos estos pensamientos.

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